ISO FOCUS 117: Análisis al fraude alimentario

Este numero analiza las implicatorias de la confianza en los alimentos y las herramientas de los sistemas de inocuidad alimentaria.

El fraude alimentario existe desde hace mucho tiempo y las sumas en juego son enormes. Según la Asociación de Fabri cantes de Comestibles, se estima que las consecuencias de este tipo de fraudes cuestan a los minoristas de alimentos legítimos hasta USB 15billones al año. Falsear los ingredientes de los alimentos es una práctica común en todo el mundo. Pero la escala del fraude es tal que nos dejaría sin habla.

En Italia, por ejemplo, un aceite de oliva inferior ha pasado, supuestamente, por aceite de oliva virgen extra superior; en Estados Unidos, la Administración a Alimentos y Drogas ha advertido a los consumidores que el queso etiquetado como “100% Parmesano” podría contener sustitutos más baratos, como quesos inferiores o incluso pulpa de madera. Y el pescado de aquella cena de la que tanto disfrutó podría haber sido inyectado con agua salada.

La adulteración con ingredientes de inferior calidad es una cosa, pero el fraude alimentario tiene un lado mucho más oscuro. A principios de la década de 1980, cientos de personas murieron en España por culpa de un aceite de cocina contaminado y, más recientemente, en China, se encontró la sustancia química industrial “melanina” en la leche en polvo para bebés, lo que provocó fallecimientos y enfermedades en miles de recién nacidos.

Durante las últimas décadas, las cadenas de suministro de alimentos se han vuelto cada vez más complejas y muchos de los productos alimenticios actuales cruzan una y otra vez las fronteras nacionales, lo que se traduce en más oportunidades para que los delincuentes puedan practicar el fraude alimentario. Piense en lo siguiente. Según un artículo publicado en el Financial Times, un bacalao en promedio puede viajar más de 16000 kilómetros antes de terminar en un plato de comida. Puede ser pescado en el mar de Bering, preparado y congelado en una fábrica del este de China, transportado en un carguero para el procesamiento en Europa o EE .UU. y hacer un último viaje antes de acabar como, por ejemplo, un palito de pescado en un plato en Moscú.

En el viaje de la granja al plato intervienen muchas manos, lo que representa un gran número de oportunidades para que los delincuentes intervengan y exploten los eslabones débiles de la cadena. Junto con una creciente población mundial —y en un mundo cada vez más complejo e interconectado —, existe una clara necesidad, urgente y apremiante, de normalizar las regulaciones a nivel internacional. El fraude alimentario se ha vuelto más sofisticado y más difícil de detectar, lo que para los reguladores supone un reto aún mayor. Tras el escándalo de la carne de caballo, por ejemplo, las autoridades se vieron obligadas a armonizar como podían sus esfuerzos para organizar una estrategia coordinada y hacer frente a la delincuencia. De hecho, hasta el momento solo ha habido algunos juicios, lo que resulta alentador para los criminales.

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